viernes, 6 de abril de 2007

LOS PROFETAS (I)

Uno de los primeros profetas que trajeron la palabra del HABER a nuestro nivel humano-cotidiano fue PARMÉNIDES. Él nos trajo la verdad básica y fundamental, la verdad raíz de todas las demás verdades, y lo hizo ajustando dicha verdad al nivel de la razón.


Según dice el propio Parménides, unas yeguas aladas le llevaron en un carro guiado por las helíades a las puertas que separan el día de la noche y allí, una vez atravesadas, fue conducido ante la presencia de la diosa justicia. No con poco esfuerzo, consiguió que la diosa le revelara la verdad.


No es este, por supuesto, un relato fidedigno de lo que nuestro primer profeta experimentó al alcanzar la verdad que luego nos transmitió. Su experiencia, siendo muy cercana a la experiencia de los místicos (y por ello nos la narra en ese tono tan metafóricamente religioso), fue una experiencia puramente racional. El ascenso en el carro indica la separación de lo puramente terrenal, o sensitivo que es necesario para alcanzar una perspectiva que podríamos denominar “trascendental”. Desde un punto de vista abstracto y general (como cuando vemos algo desde una distancia suficientemente lejana como para no percibir sus pequeños detalles) aprehendemos su ser como un todo, nos percatamos de su estructura general. Pero si, por el contrario, nos acercamos a la realidad excesivamente de cerca, no comprenderemos más que fracciones y parcialidades que, independientemente unas de otras, nada nos dirán del todo al que pertenecen. No podríamos conocer lo que nos rodea tal y como lo conocemos si nuestra visión fuese tan minuciosa como un microscopio, no veríamos cosas a nuestro alrededor, sólo átomos, células, partículas.

Pues bien, Parménides se alejó del mundo “místicamente” para, desde las alturas, cubiertos sus ojos con velos, en el reino de la noche, no poder ver las particularidades de la realidad a la que nuestros cuerpos cotidianos pertenecen y así recibir de los labios de la diosa (la DIOSA “RAZÓN”) la revelación básica de nuestra biblia: QUE ES.
Pero la diosa no sólo le informó de la verdad, sino que también le ofreció los conocimientos falsos que la mayoría de los mortales cree sin poder demostrar su verdad. Le ofreció “tanto el corazón imperturbable de la persuasiva verdad como las opiniones de los mortales, en las cuales no hay creencia verdadera” (B2. vv. 3-6)

Cuando, desde la perspectiva de los mortales comunes que somos vemos la realidad, creemos que todo cambia, que todo es múltiple, que lo que hoy existe mañana no lo hará, que nada permanece. Pero esto no es más que un fragmento de lo real, una apariencia fruto de la observación parcial de lo real. Visto desde la perspectiva trascendente a la que podemos llegar con Parménides nos daremos cuenta que “los mortales que nada saben yerran, bicéfalos, porque la inhabilidad en sus pechos dirige su mente errante. Son arrastrados, sordos y ciegos a la vez, estupefactos, una horda sin discernimiento, que considera al ser y no ser lo mismo y no lo mismo” (B6. vv. 4-9)

Y la diosa le recomienda a nuestro profeta: “Tú, empero, de esta vía de investigación aparta el pensamiento y que el hábito inveterado no te fuerce a dirigir por esta vía el ojo sin meta, el oído zumbante y la lengua” (B7, vv. 2-5)

¿Cuál es, pues, la revelación que la diosa “razón” hace a nuestro maestro y predecesor? Que es, que la realidad es, que no puede no ser, que todo lo que es lo es eternamente. Nos aclara el GÉNESIS que fue expuesto al principio de nuestra Biblia. Y lo hace con estas palabras:
“Solo un relato de una vía queda aún: que es. En ella hay muchísimos signos: que siendo ingénito es también imperecedero, total, único, inconmovible y completo”. (B8. vv. 1-4)

Recordemos nuestras palabras: el Ser, el Haber, siendo uno, es múltiple. Esto último queda en un segundo plano para Parménides pues él lo que quiere es hacer hincapié en la unidad del ser, en su absoluta independencia de todo ente creador o destructor posible, es más, en la imposibilidad de la existencia de ente alguno exterior a dicho Ser-Haber. Pues ¿Qué podría haber fuera de lo que hay, esto es, fuera del Haber? ¿Qué podría Ser fuera del Ser, de lo Que ES?

Por consiguiente, ningún dios extra-mundano podría (pues la diosa “razón” no lo permitiría) existir fuera del Haber que todo lo envuelve, ni, por tanto, a ningún dios le debemos nuestra propia existencia, nuestro propio ser, nuestro habernos en el mundo.

PARMENIDES DIXIT.

1 comentario:

Phiblógsopho dijo...

Hola. Pensé que no volverías. En internet siempre hay 'blogs fantasmas' que empiezan con mucho entusiasmo y al cabo de un tiempo desaparecen. Es la 'crisis del blogger', que llaman.

Espero que ese no sea tu caso, y que si pasas por la crisis la superes.

Saludos.